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Hay que "Leer el
Texto de la Biblia en su Contexto"
El pueblo cristiano
evangélico se ha distinguido por
ser el pueblo del Libro. Esta es una herencia
que recuperamos con la Reforma Protestante.
Lutero insistía en la necesidad de
que cada persona pudiera leer la Biblia
en su propio idioma. Él mismo se
dio a la tarea de traducir la Biblia al
alemán directamente desde los idiomas
originales, esto es, hebreo, arameo y griego.
Su ejemplo fue seguido por otros, como Casiodoro
de Reina, quien traduce la Biblia al castellano
en 1569; versión que se conoce como
la Biblia del Oso, la cual ha recibido varias
revisiones, siendo la primera la hecha por
Cipriano de Valera en 1602.
Aunque en algunos círculos
cristianos la Biblia ha sido desplazada
por sueños y profecías, podemos
seguir afirmando que para la inmensa mayoría
de evangélicos la Biblia sigue siendo
su regla de fe y práctica. El problema
radica en el hecho de que a veces no se
sabe leer la Biblia. Algunos la leen como
si fuera horóscopo personal, otros
como si se hubiera escrito en castellano
y en nuestra época. Muchos desconocen
que el texto bíblico hay que leerlo
en su contexto. Con esto nos referimos al
contexto estructural y a otros contextos,
como el histórico, el cultural, el
teológico, el lingüístico.
Con contexto estructural nos referimos a
la sección en la cual se encuentra
el texto que se está leyendo o estudiando.
Desconocer el contexto puede llevar a interpretaciones
equivocadas. Por ejemplo, alguien, tomando
aisladamente unas pocas palabras de Juan
9.3, puede afirmar que hubo tres personas
que no pecaron: el ciego, su papá
y su mamá, pues allí dice:
"No es que pecó este, ni sus
padres". Si leemos todo el párrafo
descubrimos que Jesús está
respondiendo a la pregunta de sus discípulos:
"¿quién pecó,
este o sus padres, para que haya nacido
ciego?" (9.2b). He escuchado a muchos,
aun buenos predicadores, usar las palabras
de Pablo: "Todo lo puedo en Cristo
que me fortalece" (Filipenses 4.13),
para afirmar que podemos hacer todo cuanto
quisiéramos porque "todo lo
podemos en Cristo". Al leer las palabras
en su contexto descubrimos que el apóstol
las usa en referencia a su capacidad de
vivir en escasez o en abundancia.
También el contexto
cultural debe tenerse en cuenta. Este principio
de interpretación se pasa frecuentemente
por alto. Se lee la Biblia como si se hubiera
escrito en nuestro contexto cultural. En
una iglesia rural había un comité
de evangelización. Los miembros de
dicho comité se reunían una
vez al mes para orar, leer la Biblia y trasladarse
a alguna de las veredas vecinas para evangelizar.
Una vez que salían de la capilla
a nadie saludaban, porque Jesús dijo:
"a nadie saludéis por el camino"
(Lucas 10.4). Aquí Jesús no
está enseñando la descortesía,
sino que está llamando la atención
hacia lo que en realidad es prioritario
en ese momento. El pueblo hebreo se distinguía
por ser hospitalario. Cuando se saludaban
se extasiaban contando detalles del individuo,
de la familia, del pueblo. Así que
la instrucción del Señor es
que no se entretengan dando noticias que
no son las más importantes; la noticia
que deben compartir con urgencia es la del
Reino que ha llegado.
Igual que estos contextos,
es muy importante tener en cuenta los otros
contextos.
Termino refiriéndome a uno más:
el contexto teológico. Volvamos a
la pregunta de los apostólos: "¿quién
pecó, este o sus padres, para que
haya nacido ciego?" (Juan 9.2b). Esta
pregunta apunta a un concepto teológico.
Aun en la época de Jesús había
quienes seguían creyendo que todo
sufrimiento y enfermedad era resultado de
un pecado oculto. Así se creía
en la antigüedad; el libro de Job es
un reflejo de esa doctrina. Los amigos del
sufriente lo acusan de estar sufriendo porque
ha ocultado algún pecado. Job reacciona
contra tal postura y se resiste a aceptar
el consejo que le dan, no porque sea arrogante,
sino porque es consciente de que su sufrimiento
no tiene su origen en un pecado oculto,
¡y tenía razón! Jesús
responderá que la ceguera del hombre
no es producto de un pecado inconfeso de
sus padres o del mismo ciego. Un muchacho
drogadicto fue expulsado del centro de rehabilitación
en el que se encontraba. Al preguntarle
la razón, dijo: "esta semana
estuve enfermo, con fiebre y dolor en todo
el cuerpo. Le conté al pastor que
está al frente del centro, y me contestó
que eso no era enfermedad, sino un pecado
oculto.
Ayer el pastor estaba
con fiebre y dolor en todo el cuerpo, así
que le dije: 'pastor eso no es enfermedad,
sino un pecado oculto; confiéselo
y se levantará de la cama'. El pastor
se enojó y me echó".
Así que hasta hoy existen creyentes
que siguen creyendo igual que en la época
en que se escribe el libro de Job. No significa
que no haya sufrimientos que sí son
resultado directo de algún pecado;
pero no podemos afirmar que siempre es así.
Recordemos que al leer
un texto de la Biblia debemos considerar
los contextos de dicho texto, para hacer
una interpretación correcta del mismo
y, por ende, una aplicación apropiada.
Cosme Damián
Vivas Valencia Director
Traducciones y Publicaciones Sociedad Bíblica
Colombiana |